domingo, 31 de marzo de 2013

La lipidosis hepática es probablemente la enfermedad más diagnosticada en reptiles en cautividad, pero ¿Qué sabemos de ella?


El hígado de los reptiles abarca en torno al 3-4 % de su peso corporal, un poco menos en quelonios y cocodrilos. Su tamaño y peso pueden variar en función de la época del año, nutrición y estado reproductivo. Normalmente esta formado por 2 lóbulos en todas las especies y con vesícula biliar presente (en algunos lagartos y en la mayoría de serpientes la vesícula esta separada anatómicamente del hígado, llegando la bilis por un conducto biliar externo).

La función del hígado de los reptiles es similar a la de los mamíferos y aves. Interviene en el metabolismo de las grasas, las proteínas y del glucógeno y produce factores de la coagulación y ácido urico. El exceso de grasas van a acumularse en cuerpos grasos en la zona caudo-ventral del celoma, en vez de en las capas subcutáneas como en aves y mamíferos (incluidos los humanos), ya que esto es un mecanismo evolutivo que funciona de aislante térmico, que no es necesario en especies de sangre fría. 

Como factores predisponentes de la lipidosis tenemos:

  • Dietas grasas (ratas obesas o gusanos de seda) o con mucha frecuencia.
  • Falta de ejercicio.
  • Temperatura incorrecta. 
  • Hembras que se preparan para la época reproductiva y no tienen la oportunidad de producir huevos tienden a la obesidad. 

Los síntomas pueden ser de perdida de apetito o de peso, disminución de la fertilidad, en su actividad, cambios en la coloración de las heces...
Estos síntomas empeoran en los estados de mayor requerimiento energético, como en la hibernación o con enfermedades concurrentes, por lo que en la mayoría de los casos llegan a consulta caquécticos, con parálisis flaccidas y en muy malas condiciones. La diarrea no es un síntoma frecuente, ya que estos animales no están comiendo. 
La hepatitis aguda es poco frecuente en reptiles y esta asociada a infecciones o a tóxicos como plantas o la ivermectina. En estos casos el animal esta en buena condición corporal y tiene historia de debilidad aguda, diarrea, uratos de color amarillo-verdoso y mucosas hiperémicas o ictéricas. 

Para su diagnóstico hace falta hacer un estudio completo del animal que abarque su sintomatología, análisis de sangre y técnicas por imagen.
Estos animales suelen presentar deshidratación, elevación en las transaminasas y de los ácidos biliares. La radiología puede visualizar aumento o disminución de la silueta hepática en lagartos y serpientes, pero no en tortugas. La ecografía puede ayudar en todas las especies, pero el diagnóstico definitivo se hará por endoscopia, visualizando el aspecto real del hígado y cogiendo muestras para cultivos y biopsias. 

Cuando ya tenemos el diagnóstico definitivo de lipidosis hepática, las herramientas que tenemos para su tratamiento son: fluidos, soporte nutricional y medicamentos que estimulen el metabolismo de las grasas, reduzcan el catabolismo proteico y estimulen el apetito como la carnitina, la tiroxina y los anabolizantes esteroideos. Suelen ser tratamientos muy largos, incluso de meses.


Miguel Pérez González Lic. Vet. GPCert(ExAP)
Servicio de animales exóticos 
CMV Delicias

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